jueves, 9 de octubre de 2008

Día de la primavera algo nublado pero a toda diversión




Por Erica Acosta

La mayoría de los jóvenes comenzaron el día de la primavera y del estudiante la noche anterior.

El festejo anticipado no los privó de energías y al día siguiente, domingo 21, nuevamente se concentraron a disfrutar el inicio de esta estación en los bosques de Palermo.

Aunque el día estuvo fresco y parecía que iba a llover, 45 mil fueron los que se animaron al picnic tradicional.

No faltó una sola tribu. Desde los floggers, blogger y emos, hasta los cumbieros, rolingas y raperos, dieron el presente a oesar del clima.

“A diferencia de otros años, vinimos después del mediodía porque salimos a festejar anoche”, contó Melina Sánchez, una joven de 17 años, de José C .Paz que fue con sus amigas a pasar el día en los lagos de Palermo.

“Nosotros nos cuidamos anoche cuando salimos para no estar destruidos hoy”, confesó

Matías Di Lauro, un adolescente de 14 años, de Parque Patricios.

Otro chico llamado Brian se sumó a la charla y agregó: “Menos mal que salimos anoche, porque hoy el día esta horrendo”.

Ya por la tarde el panorama fue más pintoresco.

Valentina Cáceres, de 19 años, estudiante del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires aseguró que “a pesar de que el día no está muy lindo nos divertimos a full, esto es lo más”.

Muchos chicos se mostraron contentos y se definieron dispustos a divertirse al cien por ciento.

Como otras veces, a medida que avanzó la jornada, hubo leves incidentes.

Como medida preventiva las venta de bebidas alcohólicas estuvo prohibida en los alrededores de los bosques. Sin embargo muchos chicos llevaron botellas escondidas, guardarlas en un termo o mezcladas con gaseosas.

“Sin alcohol no hay festejo ni diversión”, dijo Jeremías Bogado, de 18 años, quien festejaba junto a un grupo de compañeros de la secundaria.

Tanto la Policía Federal como personal del Same consideraron que el cuadro no fue tan malo, teniendo en cuenta la gran concentración de gente.

Después de las siete de la tarde ya quedaban pocos jóvenes por Palermo.

La desconcentración fue tranquila, aunque, como es tradicional, el parque quedó cubierto de latas de gaseosas, botellas de cerveza, cartones y paquetes vacíos. Empezaba a refrescar cuando Palermo recuperó su silencio.

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